De Dónde Salió El Gato

Daniel Alcalá nació en Piedras Negras. Aunque al ver su obra, podría pensarse que nació, al mismo tiempo, en un lugar llamado Piedras Blancas. Y

es que sus formas oscuras se relacionan siempre con fondos luminosos: así nos presenta sus emplazamientos y así nos conduce a paisajes urbanos vistos muchas veces pero desconocidos. En los trabajos de los alemanes Bernard y Hills Becher se advierte algo enigmático, poco frecuente en las estructuras industriales: no hay seres humanos, el cielo es un piso de cemento y la repetición de imágenes nos hace pensar en un mundo muerto, un mundo de construcciones abandonadas donde todo es disfuncional.

Daniel Alcalá me habla con admiración de este par de fotógrafos, sin perder distancia ni equilibrio: -Alguna vez, me dice, en pleno desierto de Coahuila, aluciné una hilera de tinacos fotografiados por los becher.

- En los anuncios espectaculares, en los letreros de los hoteles o en las fachadas de los edificios, hay otros lenguajes, Aparecen de pronto, se identifican no como lo que son sino como lo que desean ser y el proceso de empezar a recortarlos es inmediato.

-¿Podría decirse que recortas, fijas y oscureces?

-Más o menos. Porque al apoyar las superficies negras contra los fondos blancos, el cielo permanece invariable. Lo que si cambia es lo esencial, o sea, las siluetas carbonizadas o luctuosas que reviven mediante el grafito.

Daniel entra a su taller y yo me pongo a hojear revistas y libros, pero sin despegar los ojos de sus creaciones. Hay mapas, puentes, grúas, árboles, transformadores y cables que conforman, simplemente, esas nuevas tipologías similares a viejos alfabetos. Mapas trazados sobre polvo de piedras blancas, que sólo conducen hacia túneles sin salida donde abunda un polvo de piedras negras.

Mapas donde las puestas de sol desplazan a los amaneceres, ayudándonos, mediante ilusiones ópticas con la capital de España. Mapas dibujados sin reglas, pero con un flo de viento. Mapas de tres niveles donde las brújulas se extravían en cuanto salen a la calle.

- Fíjate en esta serie, señala Daniel Alcalá. Parecen árboles, ¿no es cierto? Aunque sin miras con atención, casi con lupa, puedes descubrir su realidad: son antenas de telefonía celular disfrazadas de árboles. Yo me di cuenta por casualidad, al tomar unas fotos. Después me propuse exhibir parte de las figuras escondidas.

- ¿Cuál será la razón del camuflaje? Le pregunté.

-Eso sigue siendo un misterio. Unos dicen que estas antenas producen algún tipo de cáncer. Otros aseguran que aceleran el cambio climático y que al ser disfrazadas de árboles resultan continuamente primaverales e inofensivas.

Cúter. Tijeras. Collages. Maneras de incluir, de excluir, de lograr algo de concreto entre lo real y lo irreal. Diálogo. Inercia. Construcción desmoronándose sin perder la compostura. Hotel Garage donde la luz se acuesta con la sombra. Anuncios publicitarios sin mensaje, ríos abiertos a una verdadera comunicación.

Me despido de Daniel Alcalá en la puerta de su departamento. Ya dentro del elevador pienso en los árboles-antenas, en los mapas delineados con lápices punzocortantes, en su red de puentes invisibles y en esos homenajes a los Becher que dejan al silencio boquiabierto.

Al caminar por la calle de Atlixco se me atraviesa un gato negro idéntico a uno dibujado por Juan Soriano, me rasco la cabeza y recuerdo estas palabras de Daniel:

- De día o de noche, todos los fondos son blancos.

FRANCISCO HERNÁNDEZ / ABRIL 2008

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